miércoles, 30 de enero de 2008

PaBlO PaLaCiO

Pablo Palacio es para mi todo un referente de cómo escribir. Cada vez que encuentro uno de sus libros, me siento ante un gran banquete intelectual; ante una excelsa ambrosía de ideas, narraciones..sueños. Porque para mi leerlo es un ejrcicio deleitable donde cada palabra enunciado es degustado con gran placer y aún más cuando estás forman una idea; de tal magnitud que me siento ido, me transporto a otros parajes, mi cuerpo sostiene una experiencia fisiológica incesante... fascinante.
Sus cuentos son para mi fantásticos, con situaciones que llegan al límite de lo absurdo, personajes singulares con los que se llega a palpar el discurrir conciente de cada ser, su enigmática psicología.

RAmiro Guerrero

lunes, 28 de enero de 2008

Juan Rulfo

A mi me gustaron mucho las obras del Llano en llamas, pero las llegue a comprender mucho más analizándolas en clase con el cuadro actancial ,por que no se entendía bien la mayoría de los sujetos, es decir el protagonista, si nosotros nos enfocábamos en otro protagonista eso cambia la dirección de las flechas (las relaciones entre los elementos del cuadro) y por ende todo el cuadro.
La manipulación del tiempo también jugó un papel importante, ya que para nosotros este tema fue algo nuevo, nos fuimos dando cuenta que en las obras de lectura existen pausas, elipsis, escenas, análisis o simplemente es un resumen y poco a poco se logra entender y esperamos perfeccionar nuestro análisis de narratología.
Juan Rulfo es un escritor muy confuso y en ciertos cuentos no son claros para nosotros los lectores, pero así tiene su lado único que es el de no saber a que rato cambia el tiempo y cambia la voz narrativa; es decir , cambia de protagonista ,la voz narrativa y en algunos casos se convierte en algo difícil para entenderlo.
Es un buen libro el Llano en llamas de este autor.

Christian Luzuriga

domingo, 27 de enero de 2008

¡Acuérdate!




Mira, alza la vista al cielo y contempla la noche que ya se avecina. El sol se está poniendo, al fin ha llegado el ocaso.

Íbamos los dos caminando por las arterias de aquella ciudad. Ruidosa, centelleante, nauseabunda (a veces). Que a esas horas empezaba gritar desde lo más profundo, aquel grito estentóreo ya muy usual cuando se acercan estos aires sabatinos; aires que aspiran sus habitantes y llenan de éxtasis sus cuerpos.
-¿quieres tomar un café?
-No gracias, así estoy bien.
Recorríamos las calles que cada segundo iban llenándose más. El paso se hacía difícil. Noctámbulos individuos arribaban de vez en cuando a posarse afuera de bares y restaurantes. Eran demasiados. Su cuchicheo era ya mayor que la música proveniente de aquellos sitios. Empecé a sentirme asfixiado. El aire empezó a hacerse denso; una bruma que parecía proveniente de lo más hondo de la tierra parecía filtrarse a través de las grietas de la calle desgastada y llegaba hasta mí, me envolvía, me sujetaba, me transaportaba...me mareaba.

-Ejem, ejem. Cuju, cuju.

Empezaba a toser.

-¿Te sientes bien?
- Sí, un poco ¿podemos entrar?
-Claro, como tú quieras.

El umbral de aquel lugar me dio escalofríos -una helada corriente de aire recorrió mi cuerpo, mucho mayor al gélido ambiente de la calle- miré a mi alrededor y sentí que me había quedado solo.
Se fue y no me di cuenta, me había dejado. Ahí. En medio de la calle con todos esos heraldos del caos y la desmesura rodeándome. Sentí de pronto un gran vértigo...sentía que caía a un gran vacío.
Recuerdo que vi la luna, una borrosa imagen de su halo recorre mi mente... constantemente.

-Debió haber sido un noche dura, bebiste demasiado y te quedaste dormido en medio de la calle, cuando llegué de comprar las entradas te encontré en medio de la calle; solo, tirado en medio de tanta multitud, aquella que ni se inmutaba por tu presencia cadavérica, por tu cuerpo trémulo.

-Si supongo que fue así. No lo recuerdo. En mi mente solo pulula aquello que ya te conté, como imágenes que van y vienen al compás del dolor latente en mi cabeza.
Ramiro Guerrero

martes, 22 de enero de 2008

La tarde que me atrapó (Cuento)

Traté de describir algunos hechos como pasaron, al menos como los recuerdo, por lo que a veces parece absurdo y confuso, especialmente por que tiene cambios de tiempo y narrador.

Aún estoy trabajando en esto, pero aqui va la primera parte:

-¿Entonces quieres saber todo?
-Si, por favor.
-He tratado de olvidarlo.
-Por favor, lo necesito.
Caminábamos por el callejón de la auxiliadora, en un día perfecto aunque antes había llovido.
-Recuerdo solo eso.
Pasábamos como siempre lo hacíamos, pero esta vez te llevó.

Vi a dos sujetos, uno de ellos más atado que el otro y de repente paso por mi mente-Yo debería estar en otro lugar-
En ese instante el sujeto que tenia atadas hasta las manos, se sacudió como si me hubiera escuchado, y trababa de liberarse como si no supiera donde está.
Entro alguien que no podía ver por la oscuridad del lugar.
-No debes moverte- le dijo, y lo ató otra vez a su lugar.
Al siguiente momento me sentía tan encadenado que ni mis ojos se podían abrir.
Recuerdo haberte visto ahí, lo recuerdo como una imagen guardada en mi mente, la única forma en que las cosas se grababan en mi durante ese tiempo.
Tengo apenas pocas imágenes, primero de las cadenas, otra de un sujeto poco encadenado, lo único q veía mientras estaba ahí, una con algo de comida, debe ser lo único que me dieron; y la no se puede borrar es la que apareces tu, fue un gran alivio saber que no te atraparon a ti.
Ojala puedas olvidar el sufrimiento que te cause.


Tal vez les he contado algo que se parece a esto, pero es lo que pasó.
Dejen sus comentarios o preguntas por favor.

Andrés Mera.