
A las dos de la mañana se ha despertado
con ojeras de virgen
vírgenes, las que quedan.
Seco de la nariz, del pendiente;
se inyectan los ríos de la muerte.
Abre la única ventana del castillo
y se le escapan a la oscuridad
los pàjaros de la maldad;
mientras por las calles nueve y diez,
un hombre es asesinado...
a puntapiés
Luz lateral, para Débora,
mariposas negras
manos pálidas, para Débora,
ojos vacíos viendo a las estrellas.
Débora te quédarás para siempre,
en la ventana del Castillo,
purificada, petrificada, vaciada.
Porque después de matar,
las mujeres simpre miran,
a las estrellas
