Nos encontrábamos en el barrio de la Loma Grande, un barrio en pleno centro histórico junto a Carlos, nos encontrábamos en una discusión cosas de jóvenes, unos problemas de muchachas pero nada de lo que nos llegaría a separar éramos como uña y mugre. Pues caminábamos en pleno aguacero a lo mucho divisábamos el paso que dábamos por que el agua caía como con baldes pero eso no nos impedía la conversación ni la caminada sin rumbo, a pocos pasos de ahí no encontramos con ella la muchacha de la conversación Carla, quien nos ignoro y a lo mucho nos levanto la mano en señal de saludo suponemos que fue por el agua que caía.
Pasó y seguíamos, Carlos comenzó a temblar y a ponerse morado por tanta agua que teníamos en nuestro cuerpo y especialmente en nuestros zapatos los cuales sonaban CHOC CHOC CHOC. El sonido llegaba en forma escandalosa a nuestros cerebros, decidimos correr sabiendo que cuanto mas corríamos más nos mojábamos pero era de menos al ya estar empapados. Cruzando la plaza de Santo Domingo junto al monumento ubicado en el centro Carlos resbalo y se pego una caída como un balón de fútbol al rodar en una cancha, cayo de cara sonó FLUCH el encuentro entre el y el suelo de piedra, yo me reí sin parar en vez de ayudarlo fue tan asquerosa la caída pero tan increíble a la vez que solo le pregunte si le dolió. Sangraba de la cabeza y de los brazos se notaba algo blanco entre el pellejo raspado y alzado que pensábamos que era el hueso, pero no lo era un pequeño cartílago que tenemos todos en los brazos. Paro de llover el acostado y yo sentado en la mitad de aquella plaza, pronto alguien había llamado a una ambulancia, llegaron y le llevaron a Carlos al hospital envuelto en un monto de vendajes parecía una momia. Pronto se mejoró Carla y yo lo fuimos a visitar llevándole chocolates que le encantaban. Carlos Carla y yo seguimos siendo amigos hasta ahora que nos sentamos a conversar frente a frente en un café en la plaza donde ocurrió tan buen accidente.
Pasó y seguíamos, Carlos comenzó a temblar y a ponerse morado por tanta agua que teníamos en nuestro cuerpo y especialmente en nuestros zapatos los cuales sonaban CHOC CHOC CHOC. El sonido llegaba en forma escandalosa a nuestros cerebros, decidimos correr sabiendo que cuanto mas corríamos más nos mojábamos pero era de menos al ya estar empapados. Cruzando la plaza de Santo Domingo junto al monumento ubicado en el centro Carlos resbalo y se pego una caída como un balón de fútbol al rodar en una cancha, cayo de cara sonó FLUCH el encuentro entre el y el suelo de piedra, yo me reí sin parar en vez de ayudarlo fue tan asquerosa la caída pero tan increíble a la vez que solo le pregunte si le dolió. Sangraba de la cabeza y de los brazos se notaba algo blanco entre el pellejo raspado y alzado que pensábamos que era el hueso, pero no lo era un pequeño cartílago que tenemos todos en los brazos. Paro de llover el acostado y yo sentado en la mitad de aquella plaza, pronto alguien había llamado a una ambulancia, llegaron y le llevaron a Carlos al hospital envuelto en un monto de vendajes parecía una momia. Pronto se mejoró Carla y yo lo fuimos a visitar llevándole chocolates que le encantaban. Carlos Carla y yo seguimos siendo amigos hasta ahora que nos sentamos a conversar frente a frente en un café en la plaza donde ocurrió tan buen accidente.
Christian Luzuriaga
