domingo, 27 de enero de 2008

¡Acuérdate!




Mira, alza la vista al cielo y contempla la noche que ya se avecina. El sol se está poniendo, al fin ha llegado el ocaso.

Íbamos los dos caminando por las arterias de aquella ciudad. Ruidosa, centelleante, nauseabunda (a veces). Que a esas horas empezaba gritar desde lo más profundo, aquel grito estentóreo ya muy usual cuando se acercan estos aires sabatinos; aires que aspiran sus habitantes y llenan de éxtasis sus cuerpos.
-¿quieres tomar un café?
-No gracias, así estoy bien.
Recorríamos las calles que cada segundo iban llenándose más. El paso se hacía difícil. Noctámbulos individuos arribaban de vez en cuando a posarse afuera de bares y restaurantes. Eran demasiados. Su cuchicheo era ya mayor que la música proveniente de aquellos sitios. Empecé a sentirme asfixiado. El aire empezó a hacerse denso; una bruma que parecía proveniente de lo más hondo de la tierra parecía filtrarse a través de las grietas de la calle desgastada y llegaba hasta mí, me envolvía, me sujetaba, me transaportaba...me mareaba.

-Ejem, ejem. Cuju, cuju.

Empezaba a toser.

-¿Te sientes bien?
- Sí, un poco ¿podemos entrar?
-Claro, como tú quieras.

El umbral de aquel lugar me dio escalofríos -una helada corriente de aire recorrió mi cuerpo, mucho mayor al gélido ambiente de la calle- miré a mi alrededor y sentí que me había quedado solo.
Se fue y no me di cuenta, me había dejado. Ahí. En medio de la calle con todos esos heraldos del caos y la desmesura rodeándome. Sentí de pronto un gran vértigo...sentía que caía a un gran vacío.
Recuerdo que vi la luna, una borrosa imagen de su halo recorre mi mente... constantemente.

-Debió haber sido un noche dura, bebiste demasiado y te quedaste dormido en medio de la calle, cuando llegué de comprar las entradas te encontré en medio de la calle; solo, tirado en medio de tanta multitud, aquella que ni se inmutaba por tu presencia cadavérica, por tu cuerpo trémulo.

-Si supongo que fue así. No lo recuerdo. En mi mente solo pulula aquello que ya te conté, como imágenes que van y vienen al compás del dolor latente en mi cabeza.
Ramiro Guerrero