Esta es la continuación del cuento anterior, comenzare desde los últimos fragmentos de la primera parte.
Creo que aun es temprano, la verdad no lo se, mierda no encuentro mi reloj. Tengo que ver a Dana a las 8 en esa plaza donde van los aniñados y pierden su tiempo sentados sin hacer nada, mierda esa maldita plaza me queda lejos, un bus, dos buses, tres buses, incluso cuatro buses son los que tengo que coger, y mierda sin mi reloj no se muy bien a que hora salir. Pero como ya dije antes, aun creo que es temprano, lo puedo decir por el hecho de que aun no huele a noche. La noche siempre me huele a juegos, a casino, a hombres ebrios y mujeres semidesnudas, a sexo y apuestas, a Happy Hour y las mujeres entran gratis, a ese olor de hombres viviendo el It's fun to lose y tratando de revivir por la falsa felicidad esos días en que como yo aun olían a Teen Spirit.
Aun hiede únicamente a faldas, a jeans pegados, a piernas de colegialas y a babas de viejos verdes; aun la Zona esta poblada únicamente por gente colegial así que se que no deben pasar de las 6, pero mierda como saberlo bien. Si me asomo a la ventana, el día sigue igual, entre que quiere llover y no, mierda el cielo de Quito es cosa seria. Si tan solo encontrara mi reloj. Mierda tengo prisa, tengo que salir.
Mi cuarto se parece a esta ciudad, es por eso que me resulta un caos buscar alguna cosa aquí. A ratos encuentro comida, ropa sucia, cigarrillos y ropa de Dana, el olor de Dana, la esencia de Dana se me queda impregnada. Ese olor, me pierdo en ese olor, en la satisfacción que me recuerda ese olor, porque cuando estoy con Dana with the lights out it's less dangerous. Pero a veces no es ropa de Dana lo que encuentro, a veces encuentro licor, botellas vacías, botellas semi-llenas, botellas regadas y botellas completas pero todas son únicamente botellas de whisky, un McGregor o un Grantz o un Chivas y algunas veces una botella de esas en donde un tipo sale caminando en la etiqueta, todas botellas deliciosas, embriagantes pero nada se compara al Norteño, la botella de Norteño, el olor del Norteño, la esencia del Norteño, porque cuando estoy con el Norteño with the lights out it's less dangerous. Mierda tanto el Norteño como Dana son cosa seria, si tan solo ambos se llevaran bien, mi vida fuera ya el Edén.
De repente comienza a oler a mujeres semidesnudas, a su boca gritando Here we are now, Entertain us, a babas de viejos y jóvenes. De repente comienza a oler ya a noche, mierda ya estoy tarde, no encontré mi reloj, sigo teniendo prisa y voy saliendo.
Hasta aquí la segunda parte del relato, la continuación de este cuento vendrá en próximas entradas.
Creo que aun es temprano, la verdad no lo se, mierda no encuentro mi reloj. Tengo que ver a Dana a las 8 en esa plaza donde van los aniñados y pierden su tiempo sentados sin hacer nada, mierda esa maldita plaza me queda lejos, un bus, dos buses, tres buses, incluso cuatro buses son los que tengo que coger, y mierda sin mi reloj no se muy bien a que hora salir. Pero como ya dije antes, aun creo que es temprano, lo puedo decir por el hecho de que aun no huele a noche. La noche siempre me huele a juegos, a casino, a hombres ebrios y mujeres semidesnudas, a sexo y apuestas, a Happy Hour y las mujeres entran gratis, a ese olor de hombres viviendo el It's fun to lose y tratando de revivir por la falsa felicidad esos días en que como yo aun olían a Teen Spirit.
Aun hiede únicamente a faldas, a jeans pegados, a piernas de colegialas y a babas de viejos verdes; aun la Zona esta poblada únicamente por gente colegial así que se que no deben pasar de las 6, pero mierda como saberlo bien. Si me asomo a la ventana, el día sigue igual, entre que quiere llover y no, mierda el cielo de Quito es cosa seria. Si tan solo encontrara mi reloj. Mierda tengo prisa, tengo que salir.
Mi cuarto se parece a esta ciudad, es por eso que me resulta un caos buscar alguna cosa aquí. A ratos encuentro comida, ropa sucia, cigarrillos y ropa de Dana, el olor de Dana, la esencia de Dana se me queda impregnada. Ese olor, me pierdo en ese olor, en la satisfacción que me recuerda ese olor, porque cuando estoy con Dana with the lights out it's less dangerous. Pero a veces no es ropa de Dana lo que encuentro, a veces encuentro licor, botellas vacías, botellas semi-llenas, botellas regadas y botellas completas pero todas son únicamente botellas de whisky, un McGregor o un Grantz o un Chivas y algunas veces una botella de esas en donde un tipo sale caminando en la etiqueta, todas botellas deliciosas, embriagantes pero nada se compara al Norteño, la botella de Norteño, el olor del Norteño, la esencia del Norteño, porque cuando estoy con el Norteño with the lights out it's less dangerous. Mierda tanto el Norteño como Dana son cosa seria, si tan solo ambos se llevaran bien, mi vida fuera ya el Edén.
De repente comienza a oler a mujeres semidesnudas, a su boca gritando Here we are now, Entertain us, a babas de viejos y jóvenes. De repente comienza a oler ya a noche, mierda ya estoy tarde, no encontré mi reloj, sigo teniendo prisa y voy saliendo.
Hasta aquí la segunda parte del relato, la continuación de este cuento vendrá en próximas entradas.
Raúl Mantilla
¡¡¡¡El padre del dadaísmo!!!!